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Summerhill

Hoy os traemos una reflexión del libro de Summerhill, de Alexander Sutherland Neill. Fue un educador progresista escocés, considerado uno de los pioneros de la educación en libertad.

Tanto si estamos de acuerdo o no con el libro, su lectura resulta muy interesante, a fin de conocer el pensamiento del autor que en su tiempo y aún ahora ha revolucionado el campo educativo.
Sus ideas, personalmente,  parten de un punto de vista utópico ya que en la sociedad actual la  inocencia y la bondad,  que el autor supone, no son tan visibles como él dice. Afirmar que todos los niños son seres buenos desde su nacimiento, es un hecho que se ha demostrado no ser del todo cierto, y que hay niños que son más difíciles de tratar, tanto es así que si éstos no tienen a alguien que les apoye  desde un principio, quizá no se obtendría el resultado que se espera.

Neill, en su libro, nos habla de unas ideas fundamentales: libertad, amor, autoregulación y felicidad. Todo se basa en la libertad ligada a la autorregulación con el objetivo primordial de conseguir niños felices que luego se conviertan en adultos felices.
Ese es su método, es importante que el niño esté libre de cualquier imposición, ética, religiosa, política, moral, porque así sus enseñanzas partirán de su propia libertad de decisión y él solo autorregulará  sus inquietudes. El aprendizaje es una decisión del niño y él optará por lo que quiere aprender y el momento oportuno para hacerlo.
Así, sin imposición por parte de ninguna autoridad  y sin complejos o miedos, podrá ser sincero totalmente con los demás y consigo mismo. Podrá desarrollarse individualmente como persona sin que nadie antes le muestre un camino que para él pueda ser equivocado o que no le interese, haciéndole infeliz. En Summerhill lo que se busca a toda costa es que el niño sea feliz y que sus enseñanzas no separen nunca el corazón de la cabeza, que según Neill es lo que se hace en  la educación tradicional.
Si los niños son felices en su infancia lo serán después de adultos y vivirán como ellos hayan deseado.
Comparto con el autor la idea de la libertad a fin de hacer al niño un ser autónomo que desarrolle su verdadera personalidad, pero no comparto que la autorregulación sea la forma más adecuada de conseguirlo.
La idea del amor y la felicidad son excelentes para el niño, estar a su lado, darles la aprobación en lo que hagan  y otorgarles la confianza necesaria para que no tengan miedo y crezcan en la sinceridad.

Otra de mis dudas recae sobre la inserción del ya adolescente en la sociedad en la que vivimos ya que creo que lo que un niño pueda vivir en Summerhill, aún aprendiendo  a ser sincero, a no tener miedo, al enfrentarse al mundo real no sabemos hasta que punto estaría preparado para afrontar las verdades y las miserias que a veces esconde la realidad de la vida.
Estoy de acuerdo en que si el niño tiene una buena base y se siente autónomo y con una personalidad propia y desarrollada, puede demostrar a la sociedad de lo que es capaz y entonces se enfrentará a cualquier cosa sin temor. Luego, según Neill, estos niños se convertirán en adultos capaces de trabajar con alegría y vivir positivamente.

Muchos niños se sienten obligados a ser lo que no quieren ser porque los padres les imponen su voluntad. Así se convierten en seres infelices. Estoy de acuerdo con Neill en que es ahí donde crecen bajo una imposición que les impide actuar libremente y ser ellos mismos. Eso no es debido a que hayan recibido una mala educación sino porque, bajo mi punto de vista, no se les ha dado el apoyo suficiente ni la confianza necesaria para su libre desarrollo.
Creo que es fundamental separar el aprendizaje entendido como tal, mediante el cual se acumulan una serie de conocimientos que nos dan los libros aprendiendo  cosas que generación tras generación se han considerado importantes para la educación del niño, y el aprendizaje de cómo afrontar la vida y de quien debe implicarse en ese desarrollo del niño para que sea capaz de integrarse después en la sociedad.

Summerhill es un libro que antes y ahora ha causado muchas inquietudes y ha sido el causante de controvertidas opiniones, censuras y alabanzas vertidas por gente dedicada al mundo de la educación.
En sus páginas he reconocido nuevos enfoques sobre la realidad a través de sus métodos “revolucionarios”.
Neill ha sido innovador en el campo de la educación levantando polémicas a su paso, y según mi opinión, en algunas de sus normas es coherente, en cambio en otras se contradice.

Aunque Erich Fromm afirme en el prólogo del libro que poco a poco, con el tiempo sus ideas serán admitidas en una sociedad nueva. Actualmente todavía no hemos llegado a que esta definición se cumpla,  pero si es cierto que el sistema educativo ha ido suavizando las relaciones entre profesores y alumnos.
Las ideas de Summerhill, de la escuela democrática, han contribuido a que el sistema educativo actual no sea tan rígido como lo era antes, para que el alumno participe más en las clases, su opinión se valore y se le escuche. También ha favorecido la mejora de la formación de los profesores, pudiendo crear sus propios métodos de enseñanza y haciendo posible el “aprender a aprender”.

En aquella época en que la enseñanza en Inglaterra era tan rígida y además tan moralista, suponía todo un reto para Neill enfrentarse a sus críticas.
Realmente, o era alguien que creía firmemente en su causa o era un loco suicida que se veía inmerso en un campo de batalla despedazado por las críticas negativas.
Creo que lo importante de la idea de Summerhill es el haber llevado a cabo este proyecto tan innovador y revolucionario en su tiempo y presentarlo como un nuevo método de educación tan fervientemente defendido a pesar de haber creado tanta polémica.
Esta escuela, éste nueva forma de educar, quedó un poco aislada dentro del contexto  social, sin embargo su significado, sus teorías, sus enseñanzas, que aún hoy se debaten, son necesarias para comprender parte de los problemas de la educación actual.

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El camino de Neill me parece un tanto ilusorio, lleno de maravillosas intenciones, pero de resultados inciertos. Personalmente creo que ha de existir un punto intermedio entre Summerhill y la educación rígida, poco participativa, con escasa implicación de los alumnos y con nula capacidad de decisión por parte de ellos. Encontrar ese punto de equilibrio entre las ideas de Neill y la educación más tradicional es ciertamente complicado y perseguirlo es una labor que atañe a todos, no solo a los educadores, sino a la sociedad en su conjunto.
No es viable un sistema educativo en confrontación total con la sociedad que le rodea, ambos deben ir de la mano y evolucionar en la misma dirección o están condenados al fracaso.

Marta F. Andrés

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  • 10 septiembre, 2014 - 7:29

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